
Por: María Hernández
La calle el Conde sobrevive al descuido y la destrucción a que ha sido sometida, desde hace años, como parte de una reconstrucción que parece que nunca va a terminar.
En la parte delantera de El Conde se observa que más del cincuenta por ciento de los negocios están cerrados y quedan con sus puertas abiertas algunos negocios de comida, cuadros, helados, pizzas, barberías, salones de uñas y tatuajes, un solo supermercado para toda la zona, pequeños restaurantes, vendedores de artesanía, dos tiendas de ropa enblemáticas del lugar, entre otros pocos negocios.
Sería muy importante que el Ministerio de Turismo y la alcaldía del Distrito Nacional emprendieran un plan con respaldo de organismos internacionales, que trabajan con la historia, la educación y la Cultura para que tengan como misión principal restaurar la calle el Conde con inversión en nuevos negocios motivando con bajos impuestos a los empresarios nacionales o extranjeros que decidan emprender de nuevo y llenar de esplendor al Conde que aún en medio del abandono deja ver su gran atractivo.
Para hacer un poco de historia, se recuerda que la Calle el Conde, enclavada en el corazón de la Ciudad Colonial fue inaugurada, de manera formal, en el siglo XVI y con su nombre se honra al Conde Peñalba quien defendió la ciudad en 1655. Fue el centro comercial más importante de nuestro país hasta hace unas décadas y cuna de la Independencia Nacional del 27 de febrero de 1844, como lo destacan diferentes historiadores.
Visitar la calle el Conde hace que nuestros sentidos se activen con aspectos sin iguales que se pueden observar de bellezas que solo se encuentran en ese lugar.
Una de esas imágenes tiernas que no podemos pasar desapercibidas es la de un señor que compra todas las tardes carnes para echarle a varios perros que han hecho del entorno su hogar desde hace más de cinco años.
Otra de las maravillas del Conde son los hermosos cuadros que, lamentablemente, no son de dominicanos y que resaltan la cultura haitiana en todas sus manifestaciones ante la ausencia de los cuadros de pintores dominicanos.
La calle el Conde, al igual que otras de la Zona Colonial que están siendo reconstruidas debe ser terminada lo más pronto posible para que dominicanos y extranjeros puedan disfrutar a plenitud la tranquilidad y el regocijo que impregna a los que le visitan.